El adiós de un señor, Xabi Alonso

Escrito por José Miguel Muñoz. Creado en Más Fútbol, Nuestros números 1, Number1 opina

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Podría haber seguido un año más, pero su filosofía de vida no se lo permitía: exigente, profesional, serio, educado, culto… Querer ser el mejor y mantenerse siempre arriba, a veces, es demasiado. 

Nacido en Tolosa en 1981, cuando su padre Miguel Ángel Alonso, ‘Perico’ Alonso desde que fichara por el Barça, se encontraba en su momento más dulce profesionalmente al frente de una Real Sociedad que nos enseñó que a veces los pequeños son los más grandes, y que se puede alcanzar la gloria con menos dinero, con menos medios, pero con más ganas y trabajo que el resto. Aquella Real Sociedad de los Arconada, Alonso, Satrústegui, Zamora, López Ufarte, Diego, Idígoras, Cortabarría…

Aquella Real de ensueño que sin saberlo iba preparando una nueva hornada de futbolistas con el nacimiento de aquel niño tolosarra, que fue aprendiendo desde la grada de Atocha, siendo un bebé, y desde la del Nos Camp cuando fue echando los dientes y perdiendo los primeros de ellos. Un niño que fue creciendo viendo como sin padre era uno de esos futbolistas que te muestran otra visión del fútbol, haciendo lo difícil fácil a través de un esférico.

El niño se hizo mayor y escuchando por los campos aquello de “Es el hijo de Alonso”. Hoy, curiosamente, es al revés, los tiempos han cambiado, la vida evoluciona, hablamos a nuestros hijos de aquellos ídolos que tuvimos en la infancia y nada como esa percha de “Aquel señor era buenísimo, jugaba en la Real Sociedad, el Barcelona y la selección española y es el padre de Xabi Alonso”.

Ese Xabi Alonso, cuya trayectoria ha eclipsado la de su mismísimo padre, y mira que la papeleta era complicada. Un Xabi Alonso que ha sabido estar a la altura de su padre e incluso por encima, con el mismo señorío, elegancia, saber estar, humildad… esos valores tan perseguidos en aquellos años del equipo Txuri urden y que en muchos casos, siguen estando de moda, porque el respeto y la educación están siempre de máxima actualidad.

Pasarán los años, echaremos la vista atrás, y hablaremos de Xabi Alonso como hemos hablado de otros grandes de la historia del fútbol. Se hablará de su capacidad para abarcar tanto en el centro del campo, de su capacidad de mando, su toque, de cómo no complicarse la vida para facilitar el trabajo al compañero… de su profesionalidad, su saber estar, su tacto y su toque exquisito. Pero sobre todo hablaremos de un señor que siempre supo estar a la altura, y cuando entendió que no iba a estarlo optó por decir adiós.

Primero en la selección española después del desastre del Mundial de Brasil donde España llegaba como campeona del Mundo y se fue a las primeras de cambio por la puerta de atrás. A Xabi Alonso le pudo la dignidad y el amor propio y pese a ser sólo una parte del equipo y no el culpable del batacazo, anunció su adiós a la selección dejando un hueco que nunca más se volvió a llenar.

Ahora, toca un nuevo adiós, pero esta vez más triste. Un adiós definitivo, un adiós a los terrenos de juego. El adiós de la clase y el saber estar, el adiós de la calma, del temple, del señorío. El adiós de Xabi Alonso, el adiós de un futbolista que ha dejado huella allá por donde pasó. En su casa, la Real Sociedad, el Liverpool, el Real Madrid y el Bayern de Munich.

Pero el camino no fue fácil, tras aparecer desde el juvenil donostiarra en el primer plantel de la Real Sociedad vio como el sueño no continuaba al tenerse que marchar cedido al Eibar, por aquella época en Segunda división por decisión de Javier Clemente, por aquella época técnico de la Real. Pero los malos resultados y la mala clasificación, hundido y en peligro de descenso trajo consigo la llegada del galés  John Benjamin Toshack, que ya hizo una Real grande en su primera etapa, fue determinante. Le resecó, le dio minutos y nació una gran estrella.

Al año siguiente la Real pasa de pelear abajo a terminar segundo clasificado a sólo dos puntos del Real Madrid, logrando la clasificación para la Liga de Campeones. Llega la convocatoria de la selección española de la mano de Iñaki Sáez, su crecimiento, y con el mismo, el fichaje por un histórico como el Liverpool de la mano de Rafa Benítez, en cuyo primer año logra proclamarse campeón de la Champions League con aquel ‘Spanish Liverpool’ que hizo soñar a Anfield.

El sueño fue a más con su fichaje por el Real Madrid, el gran rival del Barça en el que jugó su padre; se convierte en el referente del centro del campo blanco donde se gana el cariño de la afición madridista por ese sello tan personal del tolosarra. Florentino Pérez lo ve como ese estandarte que quiere para su Real Madrid tanto a nivel nacional como internacional, siendo uno de los estandartes de los blancos, ya con Cristiano Ronaldo y Benzema en sus filas. Su curriculum sigue engordando a pasos de gigantes.

Tras cinco años en la capital de España deja la Casa Blanca para poner rumbo a tierras germanas, donde toma ese papel de liderazgo que siempre le ha acompañado. Se adapta perfectamente a la vida en Alemania, en una ciudad Munich en la que se muestra feliz y a gusto junto a su familia. Sigue acumulando títulos a su amplia galería de galardones tanto personales como a nivel de equipo, hasta que un 9 de marzo de 2017 anuncia que pone punto y final a su trayectoria personal.

Texto: JOSÉ MIGUEL MUÑOZ @tara11iker

Fotos: Ser, Thebestfootball, Público, Skysport, Goal y Despertardeoaxaca 

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