Gesto de grandeza del sevillista Luna

Escrito por José Miguel Muñoz. Creado en Nuestros números 1, Sevilla FC

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Hay gestos de grandeza, que marcan diferencias; futbolistas que son conscientes de lo que tienen entre manos: la posibilidad de hacer felices a los niños con una foto o simplemente con su firma.

Se llama Antonio Luna y es de esas personas que dejan huella. Futbolista de la primera plantilla sevillista y uno de los laterales de futuro de la selección absoluta a nada que disfrute de esa continuidad y confianza tan necesaria en un futbolista de su edad. Tras su periplo cedido, regresó a su casa, la que le duele y siente, y lo ha hecho con la ilusión de hacerse con un sitio de titular, y poder emular los pasos de otros canteranos que se convirtieron en leyendas nervionenses.

Pero hoy no les vamos a hablar del Luna que todos conocen, del futbolista, sino del otro, del anónimo, de la persona, de ese ser humano que no siempre llegamos a ver por aquello de que estas historias no llegan siempre a nuestras retinas u oídos. Ciudad Deportiva del Sevilla FC, carretera de Utrera. La plantilla sevillista ha terminado de entrenar y cada jugador abandona las instalaciones nervionenses hacia sus respectivos domicilios.

Algunos salen a gran velocidad, otros se detienen para atender a los aficionados, la mayoría chiquillos y chiquillas que se agolpan a la salida de la Ciudad Deportiva para cazar un autógrafo o una foto con alguno de los ídolos sevillistas. Entonces es cuando surge un señor que se dirige a Antonio Luna para explicarle su caso: «Antonio disculpe que le moleste. Vengo de Almería, mi hijo te sigue de la selección y del Almería y ahora está en cama al fracturarse los ligamentos. Al igual que tú juega de lateral izquierdo y eres su ídolo».

La historia de Héctor que es como se llama el señor hace que el gesto sonriente de Luna se torne en serio para escuchar con atención lo que tiene que decirle: «¿En que puedo ayudarle?», dice el sevillista. «Mira soy camionero y aprovechando que hoy tenía la ruta por Dos Hermanas me he acercado para ver si podías dedicarle una foto o algo», le contesta el camionero, que continúa con su explicación.

«Llevo aquí una hora para intentar hablar contigo sin saber si sería posible. No sabes la sonrisa que tendría Diego, que es como se llama mi hijo, si le llevo unas palabras de ánimo tuyas, que sabes lo duro que es una lesión para un futbolista». En ese instante, Luna pone nuevamente en marcha su vehículo. El señor piensa que su deseo no será posible. Error, ya que lo que Antonio ha hecho es echarse al lado para no obstaculizar la salida de sus compañeros.

En ese momento se baja del coche el defensor sevillista, abre el maletero y saca una camiseta ante la mirada perpleja de un padre que veía su sueño hecho realidad pero a lo grande, no con una foto, sino con una camiseta firmada. La dedicatoria, rezaba: «Para Diego, un gran futbolista, con el deseo que te recuperes pronto de tu lesión. Nos vemos cuando fiches por el mejor equipo del mundo: el Sevilla FC».

En definitiva, el lado humano de una persona sencilla, de un gran futbolista. Una historia anónima que no habría sido posible que llegara a nosotros si no fuera por Alejandro González Ramírez, un joven estudiante de periodismo que estaba presente y nos ha cedido esta bella historia humana de forma totalmente desinteresada para que se vea que son futbolistas sí, pero muchos de ellos, como Antonio Luna, también personas».

Twitter: @tara11ara