Esa locura llamada Betis

Escrito por José Miguel Muñoz. Creado en Real Betis

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Un reportaje de: JUANJO VERGARA @manso89

Una vez más, la pasión por seguir tus colores, nos llevaron a recorrer más de 1000 kilómetros entre la ida y la vuelta, sin apenas dormir y por carretera, esta vez a un estadio (Mestalla) donde ninguno de nosotros sabía lo que era ver a nuestro Betis conseguir la victoria (más de 29 años). Los valientes saltereños desde el primer momento que salió la fecha y el horario del partido no se lo pensaron y se pusieron manos a la obra. 

Comenzamos a buscar empresas que ofertasen el viaje a Valencia y, por supuesto, que  nos garantizaran la entrada para el partido. Poco a poco fuimos descartando algunas de las posibilidades como la de irnos en coche y, finalmente decidimos viajar en autobús para que todos pudiesen descansar durante el viaje.

Con el paso de los días, las ganas aumentaban y todos deseábamos que llegase la madrugada del viernes para montarnos en ese autobús que nos llevase a la capital del Turia. Pensamos que no podíamos irnos a Valencia sin una bandera o algo que nos hiciese visibles, y decidimos que no había nada mejor como la bandera de nuestro pueblo (Salteras) para que los béticos de la localidad saltereña se sintiesen representados.

Pues bien, la madrugada del viernes llegó y, los integrantes de la expedición quedaron para tomar algo en un pub del pueblo, para hacer más amena y llevadera la espera de poner rumbo a Sevilla donde nos esperaba el autobús. Llegamos los últimos, a pesar de llegar un cuarto de hora antes de que fuese la hora de salida del autocar, eso nos hizo ver que no éramos los únicos que teníamos ya ganas de estar en Valencia.

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Con puntualidad inglesa, el autobús salió a la hora estipulada tras pasar lista y comprobar que estaban todos los tripulantes del autobús. El viaje comenzó con muchas risas y comentarios entre los que íbamos en el autocar hasta que, poco a poco fueron quedándose dormidos, aunque algunos como un servidor no consiguió pegar ojo en todo el camino.

Después de las tres primeras horas de camino, hicimos la primera parada un poco más lejos de Córdoba, para poder estirar las piernas y realizar una visita al cuarto de baño. Debido al frío del lugar, decidimos permanecer dentro de aquel lugar sentados en las áreas de descanso. Después de veinte minutos, continuamos con nuestro viaje.

El silencio que transmitía el autobús, me hizo ver que muchos de aquellos béticos ya soñaban con conquistar Valencia y, ¿por qué no? conseguir ganar en Mestalla después de tantos años sin conseguirlo. Soñar es gratis y, la esperanza es lo último que perdemos los béticos, por lo tanto, sabíamos que nuestro Betis era capaz de hacerlo como tantas veces nos lo ha demostrado.

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Tras otras dos horas y media de recorrido, ya pasando Albacete, paramos a desayunar en un bar de gasolinera, donde se iba a producir la anécdota del viaje para todos los tripulantes de la ´nave verdiblanca´. Nada más entrar observamos que, sólo se encontraba un camarero para atender a más de cincuenta personas con ganas de reponer fuerzas para lo que nos quedaba de camino. Uno a uno, y tras una larga espera, fuimos tomándonos el desayuno, algunos tostadas otros pasteles, cafés o batidos. Al acabar el desayuno iba a llegar ese momento que nunca olvidarán ninguno de los béticos allí presentes. A la hora de pagar, nos quedamos ´muertos´ al ver como, por una simple tostada de mantequilla y un batido, nos cobraron… ¡¡¡cinco euros!!!. Nada más montarnos en el autobús, uno a uno lo fuimos comentando y las risas y las bromas se sucedían. Siempre recordaremos al camarero Miguel…

Después de desayunar, la próxima parada tenía que ser Valencia. Fuimos contando los kilómetros uno a uno, como si fuésemos empujando nosotros mismos el propio autobús. Poco a poco el cartel de Valencia estaba más cerca y, por fin, llegábamos a la capital de la Comunidad Valenciana. Desde el propio autocar, fuimos viendo la capital y lo grande que era la ciudad. El autocar nos dejó en la calle principal del estadio y, nos indicaron que una hora después de acabar el partido, nos recogerían allí mismo.

Nada más bajarnos del bus y poner pie en tierras valencianas, le dimos una vuelta al estadio para conocerlo por fuera, ya que para conocerlo por dentro aún nos quedaban más de cinco horas de espera. Al llegar, dio la casualidad que los jugadores del Valencia se montaban en su autocar para irse a la concentración del equipo, algo que fue aprovechado por los béticos allí presentes para hacerse algunas fotos con los jugadores ´chés´.

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Al marcharse el equipo de Nuno, decidimos visitar el bar más famoso de toda la capital, el Bar de ´Manolo el del bombo´. Nada más entrar en él, observamos que aquello era un gran museo futbolístico. Fotos, recortes de prensa, los bombos de Manolo, un techo repleto de bufandas de los numerosos equipos que decidieron dejar un recuerdo de su paso por allí. Manolo nos acogió muy bien en su bar y, no dudó en fotografiarse con todo aquel que quiso inmortalizar su visita con una bonita foto de recuerdo. Nosotros decidimos posar junto a Manolo con nuestra bandera de nuestro pueblo. Una vez allí nos tomamos unas cañas y refrescos para refrescarnos.

Sobre las dos de la tarde fuimos al supermercado más cercano al estadio para comprar pan, patatas, refresco y una botella de ginebra para calentar nuestras gargantas. Allí frente al estadio nos dispusimos a almorzar junto a los grupos reducidos de béticos allí presentes. Nada más acabar el almuerzo, se produjo el momento ´más tenso` del día. Al parecer, la zona donde nos habíamos establecido para comer, era el lugar de encuentro de los ultras valencianistas, por lo que algunos de sus integrantes vinieron a decirnos que abandonásemos dicha zona, que ese sitio era suyo.

Una vez desalojado aquella zona, esos mismos integrantes de dicho grupo, no pararon de merodear la zona para que no volviésemos a ocupar dicho lugar. Los béticos decidieron no molestar a nadie y cada uno ocupó una zona diferente para no crear malestar ni momentos de tensión. Nosotros optamos por quedarnos con una familia bética que acudía con nosotros a Valencia en el mismo autobús, con la cual hicimos muy buenas migas y pasamos una buena tarde.

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Poco a poco, fueron llegando los béticos y nos fuimos haciendo fuertes en la zona, a través de cánticos. Los verdiblancos allí presentes nos acercamos a los valencianistas para hacernos algunas fotos de recuerdo junto a los aficionados ´chés´, incluso compartíamos cánticos de odio al eterno rival.

Hora y media antes del comienzo del partido llegaron los autobuses de ambos equipos, momento muy bonito el que vivimos, donde ambas aficiones animaron a sus jugadores a la llegada al estadio. Una vez que los jugadores ya estaban dentro del campo, nos fuimos para la puerta por la cual teníamos que entrar. Uno a uno, nos cachearon en la puerta, dejándonos sin poder acceder al interior con el tupperware, el cual tendríamos que recoger a la salida del encuentro.

Nada más entrar, una de las chicas que venía en nuestra expedición tuvo la mala suerte, de hacerse un esguince, con lo que tuvimos que avisar a la ambulancia para que la llevasen al hospital a tratarla. Al final del partido la vimos y nos dijo que tenía esguince de segundo grado y decidió quedarse a dormir en Valencia ese día.

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Tras subir no sé cuantos escalones, llegamos a la zona acotada para los béticos. Una zona bastante alta desde donde íbamos a ver el futbol muy alejados de los futbolistas. El sol estaba justo enfrente a nosotros, lo cual se traducía en una calor insoportable. Muchos de nosotros optamos por mojarnos un poco y quitarnos la camiseta mientras llegaba la hora del partido. Nada más saltar el Betis al césped, los cánticos no pararon en ningún momento, a pesar de la calor que hacía. Poco a poco, se fue llenando la zona de los béticos, todos comenzaron a colocar las banderas y nosotros hicimos lo propio, colocándola en un lugar privilegiado, la primera fila.

El partido estaba a punto de comenzar y, como es costumbre en cada partido, el primer cántico a entonar en las gradas de Mestalla no podía ser otro que el famoso… Aquí estamos todos… que tanto nos representa a todos los béticos. Con el pitido inicial, los nervios comenzaron a aflorar en los allí presentes, lo cual no nos impidió en ningún momento dejarnos la garganta en animar a los nuestros en todo momento.

El equipo parecía estar bien situado y metido en el partido desde el primer momento, lo que se tradujo en un cierto dominio de los tiempos del encuentro. Con el paso de los minutos, el equipo iba a más, lo que nos llevaba a seguir empujando desde las grada a nuestro equipo.

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Con el 0-0 al descanso era el momento de reponer fuerzas y, de mirar el móvil. Nuestra sorpresa fue cuando de repente, nos llamaron muchos amigos de nuestro pueblo diciéndonos que habíamos salido en la televisión y, que nuestra bandera había salido perfectamente. Habíamos conseguido uno de los objetivos del viaje. Los béticos de Salteras nos lo agradecieron bastante en nuestro regreso.

El partido estaba muy igualado, sin embargo, como siempre suele pasar en este tipo de encuentros, puede cambiarse esa igualdad por cualquier pequeño detalle que suceda y, ese detalle llegó. La expulsión de Ceballos, al poco de comenzar la segunda parte nos hizo temer lo peor. Sabíamos que ese jugador de menos sobre el terreno de juego, tenía que ser sustituido por la grada, esa que nunca falla en los momentos que se le necesita. Fue entonces, cuando se vivieron los momentos más bonitos del encuentro. Todos esos béticos unieron su voz, para alentar a los suyos y, empujar como uno más. Los canticos iban de menos a más, ni el cansancio ni el calor, podían con los béticos allí presentes. Todos lo dieron todo en cada momento del tramo final del partido. El punto tenía que regresar con nosotros en el autobús costase lo que costase.

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Con el pitido final, todos estallamos y lo celebramos como una victoria. Con un jugador menos y en un estadio tan complicado como es Mestalla, era para volver a Sevilla muy contento con el trabajo realizado por el equipo.

Una vez más, regresábamos a Sevilla sin ver un gol del Betis y con otro 0-0 en el electrónico, algo que se está volviendo en la costumbre de cada desplazamiento. Una vez fuera del estadio, todos contábamos anécdotas del día que habíamos pasado en Valencia mientras esperábamos la llegada de autocar. En ese momento nuestra felicidad por el deber cumplido y por la bonita experiencia, no nos hacía pensar en las 8 horas que nos quedaban de vuelta a Sevilla. Todos los componentes de nuestra expedición mostraban una sonrisa en sus rostros, fiel reflejo de la experiencia vivida.

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Durante el camino de vuelta, el cansancio comenzó hacer mella en cada uno de los integrantes del bus, y la vuelta estuvo marcada por el silencio en todo momento. Todos querían recuperar las horas de sueño y, sólo dejaron de dormir en las dos paradas que hicimos de vuelta.

Al llegar a Sevilla, nos despedimos de los que habían sido nuestros compañeros de esta nueva locura bética y, nos propusimos que lo antes posible deberíamos de volver a realizar una locura como esta. De camino a Salteras, aún seguíamos recordando algunos momentos de lo que habíamos vivido y todo eran risas y bromas. Desde ya, estamos pensando en el próximo desplazamiento, el cual quizás sea Granada por la cercanía. Ya iremos viendo las diferentes posibilidades y, desde aquí, invitamos a todo bético que viaje con el equipo siempre que pueda y, a aquel que nunca haya viajado con el Betis que no espere más, porque es una bonita experiencia la de defender tus colores por allá donde juegue nuestro equipo. Es algo que nunca olvidarán.

Sólo deciros que… ¡DICEN QUE ESTAMOS LOCOS DE LA CABEZA!

Continuará…

Twitter: JOSÉ MIGUEL MUÑOZ @tara11iker

Juanjo Vergara

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