#YoSoyCamiloPuerto

Escrito por José Miguel Muñoz. Creado en La firma invitada, Real Betis

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CAMILO PUETRTO REAL BETIS AFICIONADO

Por JOSÉ MIGUEL NAVARRO @lapelotadepapel BY @Number1sport

El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos prevé, en su Artículo 19.2, que “toda persona tiene el derecho a la libertad de expresión; este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole, sin consideración de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en forma impresa o artística, o por cualquier otro procedimiento de su elección”.

El Convenio Europeo para la protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales reconoce en el Artículo 10.1 lo mismo. La Libertad de Expresión también se consagra en la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea, en el Artículo 11.1.

Finalmente, la Constitución Española, en su Artículo 20.1. epígrafe a, reconoce y protege el derecho “a expresar y difundir libremente pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción”.

Traigo a colación estos apuntes jurídicos, cuya consulta a través de Internet es realmente sencilla y altamente recomendable, porque lo ocurrido este domingo con el ciudadano Camilo Puerto, socio número 5489 del Real Betis Balompié S.A.D. a quien se prohibió el acceso al Estadio Benito Villamarín con un abono pagado, vigente y de su titularidad, y sin mediar condena firme que se lo impidiese, no es sino muestra de cómo molesta a quienes dirigen el club, las personas que opinan con independencia.

Impedir el uso de su localidad a un señor, simple y llanamente, por “atribuir a los consejeros a través de Twitter la comisión de un delito de manera infamatoria” -según la versión institucional trasladada al compañero Antonio Félix de ‘El Confidencial’- sin mediar denuncia en juzgado alguno. Sin existir condena, por tanto. Sin escuchar a la parte afectada, por lo menos. Y sin notificársele siquiera, para que pudiese ejercer su legítima defensa, es de una gravedad tan inaudita que supone de facto cercenar el derecho a cualquier hipotética crítica so pena de perder el uso y disfrute de un espacio pagado por adelantado, por hacer uso de un derecho largamente peleado, en este país, hasta su consecución.

Si lo que el Consejo de Administración que encabeza el Sr. Ángel Haro pretende, con esta política, es callar las voces molestas, desde estas líneas que nacen del sentimiento de solidaridad con un bético de los mejores que conocí, digo que el error es tan mayúsculo que ni siquiera a Manuel Ruiz de Lopera, un dirigente proclive a tics totalitarios y cercanos a lo antidemocrático, se le ocurrió tapiarle la puerta de su casa a un abonado sino que, más bien, cuando no pudo soportar la catarata de quejas, fue él quien dejó de ir a la misma.

Por eso señoras y señores Consejeros, les exijo (que no pido) que rectifiquen la medida, pidan disculpas al Sr. Puerto, lo resarzan del daño de no poder ver a su equipo en directo y procuren no repetirlo porque el Betis no es de su exclusiva propiedad y ustedes, por tanto, no pueden comportarse como si fuese su cortijo para hacer y deshacer a su antojo.

Y pensar que sesenta y cinco mil personas se tiraron a la calle para decir no a cosas como estas. Y tener que escuchar que, ahora, el Betis es de los béticos. Ya ven que no: el Betis es de los que digan “sí, bwuana” a Ángel Haro y a su cohorte de aduladores que, no solo no hablan para no perder la butaca sino que, encima, consienten con que se impida lo hagan los demás.

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