Cuando Pablo Alfaro era nuestro líder

Escrito por Rafael Sarmiento. Creado en Number1 opina, Sevilla FC

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Minuto uno del partido de anoche: Paulao presenta sus credenciales en forma de entrada contundente a Negredo. Tanto, que al sevillista se le quedan marcados los tacos en el muslo. El árbitro pita falta, pero no enseña tarjeta. Y el mejor delantero de uno de los equipos ya sabe que la defensa rival no se va a andar con chiquitas.

Lo primero que pasó por mi cabeza cuando vi la jugada fue el recuerdo de Pablo Alfaro. En concreto, de la de veces que éste hizo una jugada semejante. Seguramente, Paulao sabía que el árbitro es joven, debutante en primera, y que un partido como un Betis – Sevilla le podía venir grande. Para colmo, jugaba en casa. Normalmente, un árbitro debutante no se atreve a mostrar una amarilla en la primera jugada a un jugador del equipo que juega en casa. Se arriesgó y acertó. Eso en fútbol se llama oficio. Y a base de escudriñarme la cabeza en busca de algo que explique por qué el Sevilla demuestra poder jugar bien, pero es incapaz de cerrar los partidos fuera de casa, creo haber llegado a la conclusión de que lo que le falta es justo eso: oficio.

Entre otras muchas cosas, decía Monchi el otro día en la entrevista que publicó Diario de Sevilla que una de sus obligaciones al conformar una plantilla es pensar en el futuro. Lo hacía como explicación al aparentemente inexplicable fichaje de Stevanovic, definiéndolo como una inversión de eso, de futuro. Decía que no es complicado crear un equipo como el Levante, lleno de jugadores baratos, pero veteranos y, por tanto, con muchísimo oficio. Pero que el Sevilla debe pensar en una plantilla de futuro. Esto está muy bien, pero cuando se analiza una plantilla como la nuestra, aparte de enormes carencias (sobre todo en defensa y delantera), uno se da cuenta de que es joven. Muy joven.

Ayer, en el primer tiempo, el Sevilla demostró que, en fútbol, meramente en fútbol, es muy superior al Betis. Pero en el segundo dejó claro que de oficio andamos cortos. Ayer, al Sevilla le robaron. El penalty no fue penalty y la expulsión de Medel (justa) tuvo que venir acompañada del mismo castigo para Cañas. A partir de ahí, el Sevilla fue inferior al Betis. Un robo es un robo, pero también una circunstancia que puede pasar. Que les pasa a todos los equipos del mundo. Pero los equipos con oficio saben superar esa adversidad, y los que no lo tienen, pues no. Nosotros no lo tenemos y acabamos empatando un partido que ganábamos 0-3.

El Sevilla, jugando con 10 y ganando por 2-3 fue incapaz de salir de su área. El Betis (no el Barça de Guardiola, sino el Betis) nos asedió. Y cuando un equipo asedia a otro durante casi media hora, lo raro es que no marque. Es más, lo raro es que sólo marcaran un gol, y tan al final. Se entiende que un equipo en inferioridad sea inferior (valga la redundancia), pero no que no sepa aguantar el tipo de una manera medio decente ante un rival de más bajo nivel.


El Betis demostró tener (desde el minuto uno) mucho más oficio que el Sevilla. Esa es la losa que nos lleva aplastando desde el principio de la temporada.

El Sevilla tiene jugadores sin oficio. Un jugador de la calidad de Reyes no jugaría en el Sevilla si no tuviera la cabeza tan frágil que tiene. Un futbolista de la talla de Navas hace tiempo que estaría en un súper grande de no ser tan especial como es. Alguien de la clase de Negredo sería el nueve indiscutible de España si no se perdiese en tantos y tantos partidos. Si Fazio no tuviera su error nuestro de cada semana, sería un central de muchísima categoría. Y, por supuesto, un elemento como Medel estaría en otro lugar bien distinto si no se le fuera la olla del modo en que lo hace. Si a eso le unimos a jugadores jóvenes y/o inexpertos en la élite como Alberto, como Kondogbia, como Botía, como Hervás, como Stevanovic, como Babá, como el propio Coke, o Campaña…, ¿qué nos queda? Una plantilla en la que muchos no tienen experiencia; y los que sí que la tienen, son, cada uno a su manera, especialitos.

El Sevilla no tiene jugadores con oficio. Jugadores capaces de manejar partidos como el de anoche. Jugadores a los que no le tiemblen las piernas cuando la afición rival está en ebullición y el equipo al que animan se crece. Jugadores que sepan mantenerse serenos y que transmitan esa serenidad a los compañeros más jóvenes, más inexpertos o más especialitos. Jugadores como Pablo Alfaro, por poner un ejemplo, de quien tanto me acordé anoche. No hablo de figuras, de cracks mundiales, de futbolistas de enorme calidad y grandísimas habilidades. Hablo de futbolistas que saben hacer una falta en el momento y lugar indicados, o pegar una voz, o desquiciar al contrario sin necesidad de meter una hostia a un rival delante del árbitro.

Como defendía Monchi, creo que este Sevilla puede tener futuro. Este año está medio perdido, pero puede tener futuro. Y si el año próximo podemos contar con promesas como Rabello o Luis Alberto, pues mucho más. Pero si no cubrimos esa carencia de oficio, difícilmente lograremos alcanzar los objetivos.

Twitter: @Ravesen_