El día que aplaudí al Betis y lo comparé con el Sevilla

Escrito por Fermin Hevia. Creado en Number1 opina, Sevilla FC

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Voluntad, superación, arrestos,….. Manque me pese, los elogios se quedan cortos para hablar del Betis. No, no estoy enfermo ni he tenido un arrebato de beticismo (Freud me libre), pero si algo debe tener un sevillista, es la clase y la coherencia suficientes como para reconocer las cosas cuando las ve.

El Betis de Pepe Mel recuerda mucho al Sevilla Fútbol Club de Joaquín Caparrós, hecho de retales y descartes y en una situación económica difícil. Posiblemente, incluso tenga más virtudes futbolísticas que este, dado que, aparte de ser un equipo aguerrido, tiene mucho fútbol y desparpajo, unos conceptos de manejo de bola interesantes y una efectividad de cara a portería que es la envidia de la mayoría de equipos con más tronío dentro de la división.

En cualquier caso, al final barro para casa, esto no es un artículo sobre el Betis (ya le he dado todo el azúcar que mi rojiblanco corazón me permite darle al hermano chico). Y sí, las comparaciones son odiosas, pero son humanas e inevitables, y generalmente son odiosas porque se suele menoscabar la imagen del comparado, por mucha más enjundia que tenga.

El Sevilla Fútbol Club adolece en los últimos años de todo lo que el Betis tiene: actitud, mentalidad ganadora, capacidad de sacrificio, pero, por encima de todo, de ganas.

Analizar una vez más la calidad de la plantilla, aunque sea tangencialmente, es necesario; el trabajo (o destrabajo, me van a permitir que solicite mi entrada en la RAE creando palabros nuevos como otros colegas que tampoco son periodistas) de Monchi ha sido un auténtico desastre en casi todos los niveles, descapitalizando hasta el absurdo económica y deportivamente a la entidad. Posiblemente, lo más sangrante, lo peor que haya hecho, ha sido la gestión del entrenador. Los hay que meterán en el saco a Jiménez (el segundo mejor entrenador de la historia del Sevilla y ahí están sus cifras), y los que empezarán a contar desde Antonio Álvarez, que pasó de ser segundo y sin haber tenido ninguna experiencia entrenando como primero a un equipo, a llevar las riendas de un proyecto que empezaba a hacer aguas y que se jugaba mucho crédito y mucho dinero. Ferraris en manos de conductores noveles.

La lista de fumadas de puro de la secretaría técnica a nivel del ocupante del banquillo local del Ramón Sánchez Pizjuán, es larga y bien conocida; no tengo claro, no obstante, si fue un acto de prepotencia porque pensaban que un equipo cargado de buenos futbolistas se entrenaba solo (pues ahí esta Roura y el desastre al que está llevando al Barcelona) o si ha sido un acto de torpeza, incapacidad y frivolidad continuada que ha durado 3 años y costado decenas de millones. Las dos vertientes son para poner el vello de punta.


Parece que, de una vez, se trae a un entrenador que tiene experiencia lidiando con morlacos como el que tenemos en el Club. Y, como no podría ser de otra manera, se ven los resultados. El Sevilla tiene otra cara. El Sevilla compite y lucha. Otra cosa es que ahora sí den la cara con mucha mayor evidencia las carencias abismales que existen en la plantilla, aunque al César lo que es del César y a Emery lo que es de Emery: ha conseguido que los que son buenos (que también los hay) no parezcan malos. Eso es mucho.

No hay que hacer sangre por la eliminación de Copa del Rey, porque ocurrió lo lógico, que pasase el mejor, ni por la falta de victorias fuera de casa, que seguramente no sería un problema tan acuciante si quien está ahora hubiese estado desde el principio. El problema, y después de 6 entrenadores (manda huevos la cosa) en 3 años, ya no es de míster.

Todos los focos vuelven a estar una vez más apuntados a esa figura oscura y pusilánime del Director Deportivo y su equipo de secuaces. Esos señores que traen a un Stevanovic en el mercado invernal por millón y pico de € cuando no hay dinero para pagar sueldos, cerrando las puertas a una joven promesa que brilla en el sudamericano sub20, que cede a su central más fiable en febrero, lógicamente cabreado por no cobrar, y que pone como paradigma de la calidad a un delantero senegalés que costó otros tantos millones y que, ni en un partido en el que te juegas un pase a una final de la Copa del Rey, llega a jugar un solo minuto, perdiendo y con un cambio por hacer.

No hay cosa más cierta que el Sevilla Fútbol Club (como cualquier otro club de fútbol) es su afición, su escudo y sus futbolistas. Emery ha vuelto a traer la ilusión al Ramón Sánchez Pizjuán, y pase lo que pase a final de temporada, siempre que la actitud del equipo sea la que está siendo desde que el vasco se sienta en el banquillo, hará que nos sintamos orgullosos. En cualquier caso, no dejen ustedes de mirar al Consejo. Huele, porque lo que está podrido huele. Ellos son los culpables, no sólo los responsables. No son el Sevilla, nosotros y los que hoy, sin dudas, van a dejarse la piel en el cesped, sí.

Twitter @ferminhevia