La Milana

Escrito por Fermin Hevia. Creado en Number1 opina, Sevilla FC

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Cuando se agota la posibilidad de una solución lógica, consensuada y digna, la única opción es la respuesta contundente, revolucionaria incluso.


Aquí ya no caben medias tintas. La derrota rozando el ridículo ante un equipo que, hoy por hoy, es mucho más equipo (sinergias generadas en un conjunto de individualidades) que el nuestro es consecuencia, nunca causa, del evidente estado deplorable en el que se encuentra nuestra entidad todos y cada uno de sus estamentos.

Nunca se vio una división tal en la grada, en la afición en general, nunca se vio el Ramón Sánchez Pizjuán tan vacío, y no me refiero a los infames horarios que, sin lugar a duda, ayudan a matar poquito a poco el fútbol en el estadio, sino a la gente que, hastiada, decide que los que juegan y los que están en el palco, no merecen su presencia allí.

Este cúmulo de despropósitos tiene culpables. Culpables por acción y por omisión. Ya no vale decir que la afición se ha acomodado, que sólo queremos lo bueno una vez que lo hemos probado, que el Sevilla de los títulos no volverá…
Gracias por constatar evidencias, señor Del Nido, pero aquí el que está al mando, como lo estaba cuando se ganaba, es usted.

No, presidente, no nos hemos empajillado con las vitrinas repletas de copas labradas por orfebres; la afición sevillista es mucho más sabia de lo que usted presupone, mucho.
Sabemos perfectamente de dónde venimos, de la mediocridad de nuestra Historia y de que los logros, no por ser muy meritorios, son mera anécdota dentro de nuestros 107 años de vida.
No somos nuevos ricos que nos hemos acostumbrado a la opulencia, simplemente es que nos duele lo nuestro, lo que ustedes están mancillando día tras día con sus decisiones imposibles, sus mentiras y contradicciones, su estraperlismo y su nepotismo y demás mierdas en las que su gestión, incomprensiblemente buena, visto lo visto en los primeros años de mandato, está convirtiendo un sentimiento que nos duele mucho más que a ustedes en un calvario que nos martillea día tras día.


Nosotros no medimos el sevillismo en número de acciones, en pensar cómo colocar a nuestro hijo o primo, al amigote de turno o cómo endiñarle al directivo de marras el contrato para hacer tal o cual cosa. Sin embargo, somos conscientes de que ese poder accionarial es la única arma válida para que se vayan, se airee el club y vuele fuera toda la mierda que están dejando dentro.

Como si Miguel Delibes estuviese escribiendo este momento, nuestro Sevilla es un reflejo triste y claro del cortijo de Los Santos Inocentes. Decadencia, paternalismo e incapacidad para cambiar.

Porque aquí nunca pasa nada: ¿Que el presidente está condenado por diferentes delitos por los cuales estaría, a parte de encarcelado, incapacitado para desempeñar su cargo si se confirma su sentencia? NO PASA NADA ¿Que el director deportivo y su segundo se cepillan cientos de millones de €, algunos de forma sospechosa, y el equipo está a años luz del que costó tres duros? NO PASA NADA ¿Que hay una total y absoluta complicidad en todos y cada uno de los grupos que concentran acciones y que los consejeros y demás adláteres que se sitúan al lado del máximo organismo callan como meretrices para obtener la caricia o la prebenda habitual? NO PASA NADA

Es tiempo de los justos. Ahora es cuando hay que demostrar dignidad y sevillismo, no para volver a ser lo de hace 6 años, anecdótico como he dicho, sino para parar esta sangría y este cisma en un club que se le queda grande a todos los que lo controlan. Ahora es tiempo del pequeño accionista, de sindicar, de que los ínclitos presidentes del pasado se rediman y presten sus acciones para un bien común, es tiempo de que aparezcan líderes y echen a los que se empeñan en demostrar que lo que sucedió al otro equipo de la ciudad no es casual, sino algo arraigado en la idiosincrasia sevillana, independientemente de si el color del cristal es verde o es rojo.

José María del Nido, nuestro señorito Iván, acaba de matar a la Milana. Es el momento de Azarías.

Twitter: @Ninjalepero
Foto: Quico Pérez Ventana