Palop, Andrés Palop: Licencia para parar

Escrito por José Miguel Muñoz. Creado en Number1 opina, Sevilla FC

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Palop

Como los viejos rockeros, Andrés Palop nunca muere. Porque el valenciano es de esos ídolos tocados por la inspiración divina, capaz de estar en la sombra y pese a todo seguir brillando.

De él se ha dicho de todo. En Valencia demostró ser mucho mejor que Cañizares y sus ‘tintes horteras’, sus uñas pintadas para que le dieran buena suerte y las cláusulas de sus contratos. Porque este humilde valenciano criado en el campo, con una familia trabajadora y con los pies en el suelo le enseñaron que el primer para ser grande es precisamente mantener la cabeza fría incluso cuando el halago, ese que debilita, le pueda nublar la vista.

Por ello no dudó en marcharse al Villarreal para madurar en la distancia, sin importarle tener que bajar a Segunda y ver a su Valencia crecer y crecer, porque sabía que el premio llegaría. Y así fue, en el submarino amarillo se convirtió en santo y seña, ídolo de una afición que ya comenzaba a ser grande, y eso le valió para volver a su casa, a esa Valencia que tan dentro lleva este portero natural de L’Alcudia y que creció soñando ser como el mítico Arconada.

En el Valencia ganó títulos y aprendió a sufrir, a vivir las injusticias del fútbol y ver que a veces incluso cuando eres el mejor debes esperar en el banquillo para demostrar que tus vuelos imposibles son tan necesarios como injusto tenerlos esperando en un banquillo para echar sus alas a volar. Palop se hizo portero en el Valencia, incluso acarició la gloria en forma de títulos como jugador ché, pero no fue hasta su llegada a Sevilla cuando la gloria le tocó a él.

El Sevilla le firmaba para jugar y lo hizo. No sólo jugó sino que como los grandes emperadores romanos, llegó, vio y venció. Lo ganó todo, lo habido y por haber, se convirtió en apenas unos años en el mejor portero de los más de cien años de historia del Sevilla Fútbol Club, lució su brazalete de capitán, y formó parte del mejor equipo de la historia de la entidad de Nervión entrenado por uno de sus padrinos futbolísticos, Juande Ramos, el mejor entrenador del Sevilla FC.

Años y años de gloria, éxito, títulos, partidos y partidos acumulados, paradas imposibles, y como los sueños se cumplen, y como bien reza el ‘eslogan’ de Adidas, la firma que le viste, nada es imposible. Y así lo demostró Palop a los pocos días de firmar con la multinacional de las tres bandas, al marcar un gol que metía al Sevilla otra vez en el sueño de ganar la UEFA de Glasgow, donde una vez más fue protagonista con la tanda de penaltis que acercaron a los de Nervión otra vez al Olimpo de los Dioses.

De nuevo llegaron momentos difíciles, con algunos inventando, otros dañando por dañar, y practicando el deporte preferido de esta bendita profesión: suba a lo más alto al ídolo que así será más noticia cuando haya que tirarlo de la cima. Pero ni las mentiras, ni el tiro al plato que ha venido sufriendo estos dos últimos años han provocado que de su boca saliera una palabra más alta que la otra. Ni incluso cuando desde dentro del propio club por dirigentes y técnicos de su confianza, los que ayer le abrazaban y hoy le evitaban la mirada, le daban la espalda o callaban en lugar de salir al paso para defender al portero de los títulos.

Andrés, aquel que educaron de diez sus padres, estuvo callado porque sabía que era lo mejor para su Sevilla, ese equipo que siente como suyo porque como dijo en su día Pablo Alfaro: «Unos nacen sevillistas, otros tenemos la suerte de serlo con los años». Esta temporada, el capitán volvió por la puerta grande cuando el equipo lo necesitó. Jugó y respondió y sólo le apartó de la titularidad, la cobardía de un Michel que si entrenara como se vende sería sin duda el mejor del mundo.

Ante el Zaragoza, Palop volvió a defender la portería del Sevilla Fútbol Club. Para algunos esta será la última vez que lo haga. Curiosa afirmación teniendo en cuenta todo lo que resta de temporada y con tantos factores por delante. El buen momento de Beto le quita opciones, pero existen otras cosas como lesiones, sanciones, o una simple gripe como ocurrió esta jornada que le pueden permitir disfrutar nuevamente de la titularidad.

Pase lo que pase, sirvan estas líneas para mostrar mi admiración y respeto profesional ante uno de los potreros que más me han conquistado y con el que comparto admiración por el mítico Arconada, al que junto pudimos homenajear aquella Eurocopa con la idea loca de la camiseta que surgió un día en el Ramón Sánchez Pizjuán. Soy amigo personal de Andrés, pero les puedo asegurar que cada una de estas líneas son un fiel reflejo no de un amigo, sino de un periodista que un día soñó ser portero y cuando despertó, tuvo la fortuna de emular las paradas de ellos a través de sus artículos. Las paradas de Aconada sí, y las tuyas Andrés.

Algún día miraremos a esa portería de la Bombonera y diremos: «Si estuviera Palop». Son las cosas del fútbol, de este caprichoso deporte que tan injustamente se porta algunas veces con los más grandes. Ya lo dijo John Benjamin Toshack: «Ayer me aplaudían, hoy me chillan, mañana…»

Mañana ya les digo yo. Nos acordaremos de Palop, Andrés Palop: Licencia para parar.

JOSÉ MIGUEL MUÑOZ Twitter: @tara11ara