Respeto al escudo, la bandera y la afición

Escrito por José Miguel Muñoz. Creado en Number1 opina, Sevilla FC

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Se esperaba mucho más del Sevilla FC, acostumbrado a jugar finales y en gran parte de ellas… ganarlas. Pero cuando das tantas facilidades a un rival y el mismos se llama FC Barcelona no sólo te ‘mata’, sino peor aún te destroza. Ahora no basta con pedir perdón, y menos con la boca chica.

Planteamiento excesivamente reservón, dándole terreno a un equipo que cuando se lo das te mata, con demasiados espacios libres para dejar pensar a unos creadores como Messi e Iniesta, y facilitando la llegada de un ‘killer’ de área, matador donde los haya como Luis Suárez. Con esos ingredientes en la coctelera sólo puede pasar una cosa: que pierdas.

El sevillismo se preguntaba a medida que pasaban los minutos donde estaba su Sevilla, el de la casta y el coraje, el de lo mejor está por llegar, el que no juega finales… sino que las gana. Ese Sevilla al que están acostumbrados los sevillistas, el de un equipo ganador, de raza, de carácter, con ADN y sello ganador. Ese Sevilla de las grandes tardes.

Los goles caían con la misma facilidad con la que se rompe una yema de huevo. Luis Suárez, Messi, Luis Suárez de nuevo, Iniesta, Coutinho de penalti… así una y otra vez hasta esa dolorosa ‘manita’, ese 0-5 en la mayor derrota de este Sevilla moderno en una final y lo peor de todo jugando a no ser fiel a su estilo y tradición, y dando de esa forma excesivas facilidades al mejor equipo del mundo, que todo hay que decirlo, fue piadoso y no hizo excesiva sangre aún pudiendo.

Eso sí, donde ganó de calle el Sevilla FC fue donde siempre, en la grada, con una afición sevillista dando como un ejemplo de señorío, apoyando a los suyos con sus cánticos, y cuando más se agradece, en los malos momentos, especialmente tras el escandaloso 0-5, una nueva manita más que sumar a esta temporada tan dolorosa como irregular y donde en lo único que la podía salvar, se regaló. Animaron hasta el 90 y sólo tras el pitido final mostraron su enfado e indignación por la humillación sufrida, pero no la que le infringió el Barça, sino la de sus jugadores.

Dicen que nunca se rinde, pero esta vez lo hizo, impotente en el terreno de juego, con jugadores cabizbajos ante el vendaval azulgrana, que a medio gas era infinitamente superior al Sevilla FC, con un entrenador sin recursos, sin variantes, con cambios inexplicables, y sin ese orgullo marca de la casa. Debería haberle contando alguien lo que significa ese escudo, esa afición y esa bandera que deja tocada.

Tanto como a su presidente, el hombre que le trajo y que confió en él, el mismo que ve como tras la calma y los triunfos y títulos, llegan ahora las críticas, y los gritos de una afición que pidió en dos momentos puntuales su marcha a gritos de “Pepe Castro vete ya”. Una afición soberana, como en su día repetía hasta la saciedad José María del Nido lo único inamovible en el Sevilla FC es «su escudo, su bandera y su afición».

Y los tres quedaron tocados con lo vivido y por tanto hay que dar explicaciones, pero de las de verdad, no como las dadas hasta 48 horas después de la humillación vivida. Montella diciendo que el FC Barcelona es muy superior (seguro que no vio finales anteriores, entre ellas las de Mónaco), y Pepe Castro reprochando a un aficionado que le increpaba por lo vivido en el Wanda Metropolitano. Evidentemente no es tan bonito esto como las palmadas recibidas tras los títulos y éxitos de un equipo que supo seguir la estela de un proyecto ganador que se ha ido disipando tras la salida de aquellos que lo formaron.

Este Sevillla necesita reacción, cambios en todos sus estamentos, este Sevilla necesita resurgir de sus cenizas, volver a ganarse la confianza de los suyos, que entienden que el Sevilla FC pueda perder, pero no de esa manera. Por ahí no pasan. Porque el sevillista es lo suficientemente inteligente para que no le vendan cortinas de humo. De nada sirve ahora echar a Montella, al que trajeron ellos mismos para suplir a Berizzo que tuvo al equipo arriba, jugando mejor o peor pero más cerca de la Champions, para así dejar el siguiente asiento más sólido.

De nada sirve mirar hacia otra parte. Ahora sólo vale echar el resto en este tramo final para lograr en el peor de los casos esa séptima plaza e intentar jugar como mal menos la UEFA Champions League, esa UEFA que tanta grandeza dio al club, especialmente ahora que a Champions es mucho más que misión imposible.

En el Wanda Metropolitano eché muchas cosas de menos: actitud de los futbolistas, un planteamiento más acorde a lo que es una final y la filosofía del Sevilla FC, esa lucha y entrega que siempre se ha llevado por bandera, esa actitud, esa entrega, ese coraje y porqué no, esos cojones que este equipo siempre ha tenido y que le han valido el respeto de una afición, no sólo la sevillista, sino la del resto de España donde se ha convertido en un equipo respetado y considerado entre los grandes; y en Europa donde ha sido referente después de tantos títulos en tan pocos años.

Por echar de menos, eché de menos ese carácter de José María del Nido que si hubiera estado en el palco del Wanda Metropolitano, habría tardado 0,0 segundos en bajar al vestuario para dar una reprimenda a los suyos y si se llegara el caso coger por la pechera a alguno, al más puro estilo Luis Aragonés, para explicarles a los que no lo supieran lo que significa ser del Sevilla FC.

Por: JOSÉ MIGUEL MUÑOZ @tara11iker

Foto: QUICO PÉREZ VENTANA @perezventana

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