David Ruiz

Sevilla FC 1 – 2 Barcelona – Un buen trabajo, pero insuficiente

Escrito por David Ruiz. Creado en Sevilla FC

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El Barcelona se llevó una nueva Supercopa de España. Remontó a un Sevilla que no solo se adelantó en el partido, sino que dispuso de un penalti en el minuto 90 que hubiese forzado la prórroga, pero lo erró Ben Yedder. Encuentro serio y táctico el planteado por Machín, pero insuficiente para superar al de Valverde.

SEVILLA FC: Vaclik, Navas, Mercado (Ben Yedder, m.84), Kjaer, Sergi Gómez, Escudero; Roque Mesa, Banega, Sarabia (Aleix Vidal, m.70), Franco Vázquez y Muriel (André Silva, m.59).

BARCELONA: Ter Stegen, Semedo, Piqué, Lenglet, Alba; Busquets, Arthur (Coutinho, m.53), Rafinha (Rakitic, m.46), Dembelé (Arturo Vidal, m.85), Messi y Suárez.

Goles: 1-0, m. 9: Sarabia. 1-1, m. 41: Piqué 1-2, m. 78: Dembélé.

Árbitro: Del Cerro Grande. Sacó amarilla a Sergio Busquets (15′), Franco Vázquez (24′), Roque Mesa, (68′), Ter Stegen (89′), Lenglet (91′), Aleix Vidal (93′).

INCIDENCIAS: Grand Stade de Tánger ante unos 6000 espectadores

NUMBER 1: Vaclik

El Sevilla dejó escapar una nueva oportunidad para lograr un título. Lo tuvo en su mano. Encuentro serio, eso sí, del conjunto de Machín, que a pesar de estar en pretemporada, está dejando latente que su equipo va a estar muy trabajado. Hoy fue insuficiente, en parte, por la falta de osadía del Sevilla en determinados tramos, en parte por no aprovechar el «bonus extra» concedido en forma de penalti.

Porque, de entrada, Machín demostró tener un plan para la final. Consistía en situar a Muriel como referencia para defender en bloque bajo y aprovechar espacios al contragolpe. Y la apuesta salió muy bien. El colombiano desarrolló una primera parte muy buena, la mejor desde que viste de sevillista, con asistencia incluida que llevaría la ilusión a la pequeña grada sevillista de Tánger.

Fueron buenos primeros minutos sevillistas, que se encontró con ese gol de Sarabia fruto de un plan que salía bien ejecutado, pero le faltó continuidad. Ponerse por delante en el marcador le dio vértigo, y decidió echarse unos metros atrás ante la elevada altura del edificio. Lo aprovechó el Barça, que se adelantó a balón parado, pero que lo pudo hacer en jugadas anteriores con serios avisos.

El Sevilla concedía los costados y, aunque el Barça no encontraba del todo profundidad, se mostraba poco contundente. Al principio sí sabía mantener el balón cuando tenía la posesión, pero el paso de los minutos lo diluyó y el resultado fue un frontón que el conjunto culé supo aprovechar en el mejor momento: antes del descanso. Piqué, tras rechace en el palo de una falta de Messi, remataba y ponía las tablas.

El Sevilla se desató en los últimos minutos de la primera mitad, incluso tuvo Sarabia el doblete tras una jugada personal de Muriel que Ter Stegen acertó a atrapar. Parecía que el plan osado podía tener más influencia en el juego y hacer más daño al Barcelona, pero en la segunda parte Machín optó por seguir siendo conservador y Valverde lo olió. Dio entrada a Coutinho y Rakitic, que cambiaron el encuentro.

Ahora el Barça tenía el balón donde quería, evitaba los contragolpes sevillistas y, aunque no terminaba de definir, sabía que tenía que llegar. El Sevilla decidió esperar y Machín introdujo a Aleix Vidal y al recién llegado André Silva para intentar dar algo más de recorrido al contragolpe. No terminó de salir, en gran parte porque el Barça tenía bien dominada la pérdida y recuperaba en buenas condiciones.

Con el partido a falta de 10 minutos para la prórroga, apreció aquello que deciden estos encuentros, la calidad. Dembelé la puso con un soberbio golpeo al que nada pudo hacer Vaclik, quien había salvado en varias ocasiones a su equipo del segundo tanto, pero nada pudo hacer ante el excelente disparo del francés. Parecía ya un imposible para el Sevilla, se escapaba la final.

Fue entonces cuando los de Machín decidieron estirarse y pusieron en más aprietos al Barcelona. Un conjunto culé que mostró muchas más dudas cuando se le presionaba y que no estuvo exigido en la mayor parte del encuentro. Fue así como llegó la jugada que lo pudo cambiar todo. Aleix Vidal se internaba en el área y era derribado por Ter Stegen: penalti. Dudoso e interpretable penalti, todo hay que decirlo.

Era el minuto 90 y la importancia del momento la debía asumir alguien con personalidad. El elegido fue Ben Yedder, a pesar de que Banega estaba en el verde, quien también ha anotado desde los once metros en muchas ocasiones, pero ésta era distinta. No había sido titular, había entrado un recién llegado antes que él, y su incursión se produjo de urgencias con el partido perdido. La situación no rezumaba positividad.

Y fue exactamente eso lo que transmitió su golpeo: poco confiado, suave y muy atajable. Es cierto que contó con la intuición de Ter Stegen, que lo atajó adivinando la dirección, pero el francotunecino no demotró tenerlas consigo. Quien conoce al delantero francés, sabía que esa noche no estaba del todo contento. Y desaprovechó una ocasión única para seguir peleando el título.

Ahora el Sevilla deberá esperar. Esperar para estar en una nueva final, algo últimamente habitual pero no por ello ordinario; esperar para poder cambiar la relación negativa entre club y afición, que necesitaba una alegría como la que podía conseguir hoy, y esperar para ver qué Sevilla se fabricará. Hay visos de buen trabajo y a ese clavo debe atenerse una afición que jamás quiere perder. Aunque sea con la cabeza alta.

Twitter: DAVID RUIZ @David_RuizM

Fotos: SEVILLA FC