
El Real Betis se llevó el derbi sevillano tras imperar la lógica y las inercias de ambos conjuntos. Tras siete años sin lograrlo, el equipo verdiblanco se lleva los tres puntos en el enfrentamiento directo y provoca un punto de inflexión para la nueva realidad que se vivirá en la ciudad en los próximos años: El Betis va a ser mejor proyecto que el Sevilla. Cardoso y Cucho remontaron el gol inicial de Vargas, que fue un mero espejismo del pobre partido sevillista.
Al sevillismo solo le quedaba una cosa para terminar de aismilar que su club se ha caído por completo, perder un derbi, algo que ha consumado con claridad en esta ocasión. Por todos era conocida la superioridad bética, que ya desde años atrás se venía fraguando, aunque sin certificación en el césped. Esta vez sí. Esta vez el Real Betis fue capaz de unirse con su afición y lograr lo que llevaba buscando siete años. Esta vez el Betis jugó y ganó un derbi merecido.
Y lo hizo por algo mucho más simple de lo que se le venía pidiendo años atrás. No necesitó esa garra, compromiso o competitividad que adolecía en anteriores derbis, solo requirió de mayor calidad que su rival. Pocos sevillistas recordarán un encuentro donde su oponente haya sido tan superior sin jugar al 100%. El Betis, por plantilla, está varios escalones por arriba y cuando eso ocurre, lo normal es que ese equipo acabe ganando.
El Sevilla disputó el derbi como si se enfrentara a un Getafe o Mallorca en su campo, sin ninguna pizca de conexión con la afición ni la directiva. Pimienta se limitó a plantear el típico encuentro que plantea con su equipo lejos del Pizjuán y que lo cierto es que le daba rendimiento: contragolpear. Durante la primera parte le valió, aprovechando que el miedo del Betis al fracaso era latente. Pero duró poco. El picotazo de Vargas fue rápidamente curado.
El Real Betis venía de 5 victorias consecutivas, de una confianza brutal y de una unión con su afición clave para este tipo de duelos. También venía de remontar en Leganés, por lo que estaba preparado para cualquier escenario. Su único argumento en contra era no saber cómo ganarle al Sevilla, algo que, claramente, trabajó bien durante la semana. Tuvo paciencia, aprovechó el bajo nivel defensivo sevillista y remontó antes del descanso.
A partir de ahí solo existió un equipo, el local. Sin alardes, solo imponiéndose atrás, saliendo con peligro en acciones ofensivas y manteniendo orden. Realmente al Sevilla se le desactiva así, no se necesita mucho más. La plantilla negligente que ha conformado Víctor Orta con el beneplácito de una directiva ruinosa da este resultado. No hay más. Si equipos de medio pelo le cogen la medida rápido, imagínense un equipo al alza como el Real Betis.
Ahora solo queda ver como la nueva realidad se instala en la ciudad. Se vienen años de un Betis dominante, veremos si exitoso en Europa, mientras su homónimo se desangra hasta que encuentre la muerte definitiva o un milagro. Tocan años de travesía por el desierto en Nervión, una travesía a la que se ha llegado por ser dirigido por manos incapaces. Sevilla ha cambiado ya su color y no parece que vaya a desaparecer fácilmente.





















