
El Sevilla FC cayó en El Sadar tras jugar una hora en inferioridad por una expulsión inverosímil a Lukebakio que el VAR no revisó. Dio la cara como pudo en la segunda mitad e incluso no mereció perder, pero se va de vacío una jornada más y sufrirá hasta final de temporada por permanecer en Primera División. Lo siguientes encuentros son vitales para ello: o logra vencer o caerá al abismo.
Volvió a caer el Sevilla más terrible que se recuerda de las últimas temporadas, que no es poco. Un equipo venido a menos, que suele perder y que, además, no tiene el respeto del arbitraje. Hoy seguramente habría perdido sin ayuda arbitral, pero la expulsión que sufrió en contra fue tan flagrante que elimina cualquier análisis fehaciente y deportivo del encuentro. Jugar en inferioridad más de una hora merma a cualquier equipo, aunque este sea malo.
Salió bien el Sevilla al partido, dominando con balón y dinámico, pero, como casi siempre, el rival es el que golpea primero. Rubén anotó de falta directa con cierta pasividad de Nyland, otra vez tocaba remar. Otra vez por debajo en el marcador y cuando menos lo merecía. Fue entonces cuando Cordero Vega, el colegiado, decidió expulsar a Lukebakio por una acción de forcejeo que en ninguna repetición se vio clara de expulsión.
El VAR tampoco intervino, lo que hizo aún más inverosímil una decisión más que polémica. Con uno menos, el Sevilla se dedicó a resistir. A punto estuvo de encontrar la fortuna con una expulsión rival que el propio Cordero Vega anulaba tras esta sí ser revisada en VAR. No salía nada y esta inercia suele ser propia de los equipos que caen al hoyo. No había esperanzas, pero el miedo de Osasuna a que se escapara un partido hecho abrió una puerta.
Por eso el Sevilla pudo competir en la segunda mitad, sobre todo en córners a favor. Tuvo varias el equipo hispalense pese a no dominar y llegar con cuenta gotas, pero todo caería en saco roto. Los tres puntos se quedaron en Pamplona y ahora toca echar la calculadora para ver cómo puede salvarse este Sevilla. Segunda temporada consecutiva mirando hacia abajo y los responsables no dan un paso al lado. La catástrofe llegará más pronto que tarde.





















