José Gordillo

Cuando el plan y la garra no se respaldan

Escrito por José Gordillo. Creado en Real Betis

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El Betis volvió a ser un alma en pena vagando por el Villamarín. Pepe Mel dispuso un equipo más poderoso físicamente de lo habitual para jugar a lo que se vio en el derbi de Liga. Sin embargo, faltó la clave para que el sistema funcionase: la intensidad.

En la Sevilla futbolera todo el mundo sabe que, esté como esté tu equipo, a un derbi siempre tienes que ir a darlo todo. En el derbi de Copa que presenciamos ayer el Real Betis parecía que incluso antes del partido iba a darlo todo pero por perdido. No tanto por la alineación poco habitual que presentó Pepe Mel en el césped sino por la actitud y la falta de garra de muchos de los futbolistas verdiblancos.

Tácticamente el conjunto heliopolitano salió con mucho músculo en el centro del campo. Petros, Digard y N’Diaye formaban un trivote destinado a aumentar la solidez física en detrimento de un fútbol creativo simplificado en buscar la sorpresa al contraataque con dos puntas. Petros volvió al marcaje individual sobre Banega, pero los movimientos del argentino y de Krohn-Dehli desbarataron esa maniobra.

Tanto fue así que el brasileño se marchó a la media hora amonestado para dar paso a Joaquín y abrir más el campo. La estrategia del Betis buscando a Molina en largo y proyectando mucho en ataque a los laterales se había ido apagando muy pronto. Además, se notaban las ausencias en defensa con una falta de concentración y contundencia que ya había evidenciado Krohn-Dehli anotando el 0-1.

Sin embargo, esa escasa solvencia atrás no era exclusivamente culpa de la zaga. La organización defensiva bética fue caótica, con marcajes en estampida que facilitaban la circulación sevillista, a diferencia del derbi de liga. En aquel choque, además, habían llevado la batalla al centro del campo. En esta ocasión los verdiblancos recularon en exceso hasta encerrarse en su área más de lo aconsejable.

Los cambios no se hicieron esperar y Mel recompuso la disposición táctica introduciendo en la segunda parte a Dani Ceballos y a Rubén Castro para pasar a jugar con su clásico 4-4-2. Con ello los verdiblancos mejoraron muy tímidamente, provocando un penalti que Rubén Castro erraría. El plan de juego ya no tenía nada que ver con el inicial, pero casi que seguían jugando a lo mismo, al despropósito total.

El resto del encuentro prácticamente estuvo marcado por el ritmo que imponían los sevillistas. Si ya era patente el desorden defensivo del Betis, en ataque las cosas no eran muy distintas. A pesar de los cambios, era difícil crear peligro si era Digard el que tenía que generar fútbol. Solo Joaquín parecía imprimir algo de energía a la ofensiva de los suyos, aunque el extremo no estuvo afortunado.

De esta forma, el Betis se ahogó en su propia frustración y en su propia anarquía futbolística. Incluso N’Diaye, que seguramente estaba siendo hasta ese momento el único punto de luz en un equipo de sombras, se borró de la contienda al ser expulsado por doble amarilla tras una dura entrada sobre Cristóforo. A partir de ahí la primera parte de esta eliminatoria  hispalense no daría más de sí.

Es evidente que este Betis no tiene una plantilla como para tirar cohetes y necesita un plan consistente para competir contra rivales como el Sevilla. En liga lo tuvo y funcionó, en Copa medio lo tuvo aunque sin contar con el respaldo de unos jugadores que parecían rendidos desde el principio, además de las bajas y el caos defensivo. Sin intensidad ni garra se hace  casi imposible poder competir.

Twitter: JOSÉ GORDILLO @GordilloJF

Foto: QUICO PÉREZ VENTANA (@perezventana)