
Ya tenemos finalistas de la próxima edición de la Copa del Rey donde se verán las caras Atlético de Madrid y Real Sociedad, dos equipos que ya saben lo que es enfrentarse en el partido más esperado del año. El conjunto de Cholo Simeone llegó con muchos aprietos después de peligrar hasta el final la eliminatoria de semifinales después de sacar una renta holgada de 4-0 en el Wanda Metropolitano y sufrir hasta la extenuación en e Non Camp.
Los madrileños llegaban con los deberes hechos pero no se fiaban del poder de reacción culé y sus temores casi llegan a cumplirse una vez que los azulgranas abrieron la lata y terminar casi pidiendo la hora defendiendo con uñas y dientes una renta goleadora que casi había sido neutralizada con el tres a cero que le estaba endosando el Barça al Atlético, de ahí que Cholo y los suyos celebraran el pase tras el pitido final como si ya hubieran ganado el título.
La segunda semifinal era otra historia por muchos motivos; el primero de ellos que la renta no era la misma, apenas un gola favor de la Real Sociedad tras el cero a uno endosado al Athletic en San Mamés, y de otro porque hablábamos de un partido distinto al resto, un derbi vasco, un encuentro de máxima rivalidad con todo lo que eso significa; es decir, cualquier cosa puede pasar por muy escrito que esté el guión…
El Athletic sabía que no lo tenía fácil, especialmente porque enfrente estaba con el equipo quizás más en racha de LaLiga tras la llegada del nuevo técnico donostiarra, y de otro porque la renta aunque corta era difícil remontar en Anoeta. Pero los donostiarras querían volver a Sevilla y saborear un título como hace apenas unos años lo hizo en La Cartuja en lo que fue una gran fiesta txuri urdin.
Y el guión se cumplió, ya que pese a Iñaki Williams avisó a poco de comenzar, la Real fue tomando poco a poco el mando del partido, muy igualado durante casi todos los 90 minutos, pero decantado de lado donostiarra tras un penalti cometido a poco de la conclusión que se encargaba de transformar el de siempre, Mikel Oyarzabal, para poner el 1-0 y dejar a la Real comprando los billetes para Sevilla, que tendrá el día de la final… un color especial.
San Sebastián, Donostiarra y toda Guipúzcoa volverá a vivir una final de la Copa del Rey, con este equipo que sigue escribiendo páginas cargadas de historia como aquella de un 27 de junio de 1987 cuando en el Estadio de La Romareda de Zaragoza, Atlético de Madrid y Real Sociedad nos regalaron una de las finales de mejor fútbol de la historia, con un partido que finalizó con empate a dos goles y que tras la prórroga se dilucidó en la tanda de penaltis con un colosal, como siempre, Luis Arconada, que estuvo el penalti decisivo a Quique Ramos para que la Real Sociedad levantara el título de la Copa del Rey.
Por: JOSÉ MIGUEL MUÑOZ @tara11iker
Fotos: Diario Vasco y El Español





















