El Sevilla FC venció por la mínima al Rayo Vallecano en un nuevo partido gris de los de Pimienta, que incluso contaron con un hombre más en toda la segunda mitad. Un gol de Sow tras una gran jugada de Isaac Romero fue suficiente para que los puntos se quedaran en Nervión, que está ya acostumbrada a que su equipo de imágenes pobres. Con todo ello, suma ya 18 puntos en la jornada 14, números que no obtenía desde Lopetegui en la 21/22.
El sevillismo sabe ya de sobra lo que le espera esta temporada. Su equipo está cogido con alfileres y el entrenador, pese a estar haciendo un trabajo alabable, no termina de despertar el cariño que requiere esta afición tan castigada. Toca travesía por el desierto, alentar a un club venido muy a menos donde cada victoria se sufrirá y, seguramente, sin brillo. Como el encuentro de hoy. Se ganó, si, y poco más importa, pero qué imagen…
Quizá ya no se debe poner la lupa en el estilo, sino en el resultado. En un Sevilla para tan pocos alardes, mejor abonarse al resultadismo. Que gane cuando deba ganar y que no pierda cuando no toque. Con eso es suficiente. El cómo importa poco. Igual ni al propio Pimienta, cuyas decisiones extrañas a veces salen cara y otras cruz, pero nunca parecen pragmáticas.
No agarró nunca con determinación su encuentro ante el Rayo. De hecho, los visitantes mostraron mayor peso con balón e incluso mejores ocasiones. Le salvó una excelente acción de Isaac, que hay que potenciar porque es muy bueno, que dio en bandeja el gol a Sow. Y le salvó porque con un gol de ventaja se ganan los partidos. Nada más. El Rayo fue el único que pareció mostrarle tino al partido.
La suerte para los locales es que Unai López decidió autoexpulsarse con una absurda agresión sobre Isaac, que obligó al Rayo a jugar con 10 toda la segunda mitad. Parecía que este contexto beneficiaría al Sevilla y que serviría para lograr una goleada que conectara con la grada. Nada más lejos de la realidad. No solo no fue superior, sino que jugó a la mentira hasta que el Rayo se le subió a las barbas e incluso mereció el empate.
Los pitos se escucharon en el Sánchez Pizjuán, entremezclados por gritos de aliento de una parte de la afición que sí es consciente de la realidad de su club: es un equipo pobre y al pobre hay que ayudarlo como sea. Fue la afición la que sostuvo al equipo y le permitió aguantar pese a la superioridad un resultado clave para sus aspiraciones. No busquen más. El Sevilla está abonado al resultadismo, su nueva religión. No hay cabida para la exigencia esta temporada.
Fotos: @perezventana





































