
El Sevilla FC perdió ante el Villarreal en un encuentro que consiguió empatar y que incluso vislumbró un gran nivel que invitaba a pensar en la remontada. Sin embargo, la enésima lesión de Nianzou con todos los cambios realizados dejó al equipo con 10 durante más de 15 minutos. Suficientes para que todo un Villarreal fuera capaz de llevarse la victoria. Se desfondó el Sevilla pese a la inferioridad, pero no le dio para más.
Una derrota dolorosa la sufrida por el Sevilla esta noche en el Sánchez Pizjuán. Quizá anunciada antes del inicio, por un once temerario de Almeyda y ante un Villarreal de Champions con una plantilla bastante más completa que la hispalense. De hecho, los primeros 20 minutos de los de Marcelinos fueron apabullantes. Apagó cualquier atisbo de salida sevillista, robó cada balón en el centro del campo, cada segunda jugada. Sus ataques posicionales hacían daño a la espalda lateral y por ahí llegaría el primer tanto, pero pudieron llegar algunos más.
Almeyda lo detectó y cambió el sistema de 3 centrales a un 4-2-3-1 que serenó más al Sevilla y que acabaría mejor este primer tramo del encuentro. Januzaj se fue soltando y se echó al equipo a la espalda. En la segunda mitad Almeyda siguió contando con los mismos para sorpresa de la grada, pero el equipo respondió. Empató con un buen gol de Sow que nació de las botas del propio Januzaj y la grada comenzó a enchufarse como en esas grandes noches de la bombonera. Pero no iba a durar mucho.
Januzaj pidió el cambio cuando previamente ya Almeyda había realizado dos, uno de ellos, el de Nianzou. Entraba Vargas y ya estaba en el campo Alexis, por lo que nada hacía presagiar lo que ocurriría. O igual más de uno sí… Rondando el 70 Almeyda decide utilizar sus últimas dos balas viendo una peligrosa amarilla de Gudel y el desgaste de Juanlu por banda. Era arriesgado agotar, pero así lo decidió el argentino, que no contaba con que Nianzou se iba a romper en la jugada siguiente dejando al equipo con uno menos durante 20 minutos del encuentro.
Un jarro de agua fría que el equipo notó. Se desfondó lo que pudo, pero la inferioridad era un lastre muy alto para un equipo que juega al límite físico y, además, con un Villarreal que introdujo cambios de quilates y que iba a tener muchos más espacios. Así llegaría el segundo de Salomon, que apagaba cualquier milagro. Se pasó de poder competir como hacía mucho en Nervión a caer por la negligencia física de un futbolista tan reincidente como Nianzou. Por más que le den oportunidades, lo que no puede ser, no puede ser y, además, es imposible.





















