
El Sevilla FC cayó goleado frente al FC Barcelona pese a completar una competitiva primera mitad. Los de Pimienta empataron rápidamente el tempranero gol inicial culé, pero no aguantaron desde el comienzo de la segunda parte, donde los de Flick no encontraron rival. Fermín fue expulsado con 1-3, pero ni los cambios funcionaron ni el equipo nervionense dio muestras de poder llegar a toser el Barcelona.
Duele comprobar que el Sevilla ya no es el que era. Lo saben los propios aficionados sevillistas, que lo que realmente saben es que no volverán a ver lo que fueron. Cada partido que pasa despierta la nostalgia de unos tiempos pasados que no volverán, no con los actuales dirigente. La goleada frente al Barça era esperada y se asumió con resignación, sin apenas dolor por un equipo del que se espera muy poco y que ha bajado varios escalones su nivel.
Sorprendió que aguantara 45 minutos a un Barça que desde el inicio encontraría huecos por todos lados, poca oposición rival y una receta clara pare llevarse los tres puntos: paciencia. Porque todos en Nervión sabían que era cuestión de tiempo. Que pese a que varios jugadores estuvieron a gran nivel 45 minutos, como Juanlu, Kike Salas, Pedrosa y Vargas, la gasolina iba a durar poco. Todos sabían que el máximo que podía dar el Sevilla era ese.
Y quizá el regusto positivo de una primera mitad competitiva fue algo que agradeció el aficionado que se dio cita en el Sánchez Pizjuán. Llegó a soñar con que su equipo resistiría y eso es ya mucho más de lo que le viene pidiendo a este club tan de capa caída. Pero no sería así. El Barça no iba a permitir una segunda mitad como la primera y lo dejó claro en los diez primeros minutos. Se esfumó rápido el efímero deseo sevillista de volver a vibrar con su equipo.
Ni la expulsión de Fermín transmitió nada a una grada que sabía que su equipo no tenía ni los argumentos deportivos ni el físico ni la calidad para revertir la situación. De hecho, los cambios de Pimienta empeoraron la poca capacidad de reacción de un Sevilla que tiene un techo muy bajo y que ni los propios jugadores parecen romper. El Barça anotó el cuarto ante quizá la resignación del propio Sevilla. Un mediocre y cada vez más dañado Sevilla.





















