Un mundo de símbolos

Escrito por Fermin Hevia. Creado en Number1 opina, Sevilla FC

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Sergio Ramos y Jesús Navas

Decía Pitigrilli que el hombre no vive en un mundo de cosas meramente físicas, sino en un mundo de signos y símbolos. Hoy lo fácil sería hablar de Navas…

Escribir sobre las bonanzas de su fútbol, sus gloriosos años defendiendo el escudo (o los escudos) del más grande club de Andalucía, sus cabalgadas eléctricas por la banda derecha, de su incansable trabajo dentro del campo, de su entrega absoluta y desaforada en cada partido, de su humildad como persona y de su sevillismo, indiscutible, y mucho mayor que el de otros que han salido y saldrán con más bombo y con más loa por parte de los medios.


Sin embargo, hoy también habrá miles de panegíricos redundando en todo ésto, y entonces mi texto sería una más de las (merecidísimas) alabanzas al jugador de Los Palacios. Navas es grandísimo, el mejor futbolista que ha pasado por Nervión en sus 107 años de historia. Navas es de la casa, se ha ido un referente, un icono, además, dejando dinero, cosa que no hicieron otros muy grandes que salieron antes. Pero Navas ya no está. Hoy empieza el Sevilla post Navas, y ese es el único hecho cierto a partir de este momento.

En mi opinión, Jesús Navas se ha malvendido. Comparar lo que les ha costado Navas a los jeques del City con los precios vertiginosos que se están pagando por otros futbolistas no hace sino reforzar esta afirmación. Neymar, Bale, Cavani, James Rodríguez, etc… por los que se han pagado (o se pagarán) cifras exponencialmente más altas, hace plantearse muy seriamente el trasfondo que habrá tras la venta de Navas. Porque el palaciego no será tan mediático como el resto, pero desde luego no es una incógnita.

Jesús Navas cuenta en su haber con 2 Copas del Rey, dos UEFAS, una Supercopa de Europa y otra de España, es campeón del Mundo con la selección española, habiendo jugado una final, y también campeón de Europa, participando activamente en dicho entorchado. Posiblemente, no exista un extremo derecho puro como Navas en el mundo. Enumérenme, por favor, el currículum vitaede esas potenciales estrellas que he mencionado antes y díganme si por Navas no habría que haber pedido, sí o sí, los 35 millones de su cláusula (ya nos apañamos luego para pagarle la morterada que se le debía al canterano).

A Navas se le comenzó a vender cuando el Sevilla fichó a Koné, cuando empezó a tirarse el dinero a manos llenas por la incompetencia, ahora manifiesta, de una dirección deportiva a la que el traje le vino grande en cuanto tuvo euros en el bolsillo (o se fueron los que de verdad sabían). Y Navas se acabó de vender en el momento en el que se le pagaba la ficha a ese mismo futbolista que nos dejaba fuera de la UEFA jugando en el Levante en lugar de pagarle la soldada al que se dejaba la piel por nuestra camiseta.

Gestión, estructuras, vender para crecer, y demágili mantras que se soltaban (y se seguirán soltando) desde la planta noble del Ramón Sánchez Pizjuán para justificar la deriva económica y deportiva, la incapacidad, y el empobrecimiento de un proyecto que ayer acabó de encallar. Harían bien los dirigentes del Titanic sevillista en recordar que el Sevilla de los títulos, ese que hace dos días había que tener tan presente porque lo mejor seguía estando por llegar, y hace uno tenía que ser guardado en el cajón de la memoria, se forjó a base de canteranos.

Porque el Sevilla Fútbol Club llegó a ser lo que fue no gracias a la aparición mesiánica de José María Del Nido (que siempre estuvo) ni al ojo certero de Monchi, sino a su cantera. Gracias a Velasco, gracias a Carlitos, gracias a Marchena, gracias a José Antonio Reyes, gracias a Sergio Ramos, gracias a Jesús Navas… Todos salieron para dar un balón de oxígeno a la entidad. La gran diferencia entre aquellos y Jesús, es que los primeros sirvieron para sentar las bases de un proyecto, y este último constata la liquidación del mismo. 

Igual es el momento de empezar de nuevo y mirar otra vez a los orígenes. Igual no basta con subir a la primera plantilla a canteranos brillantes, sino que hay que ponerlos, confiando en ellos, no para jugar minutos de la basura. A lo mejor no hay que vender como operaciones maravillosas la cesión de una joven promesa que ahora se rifan los grandes de la Premier, mientras te quedabas con la mediocridad hecha futbolista sólo porque había que justificar el pastizal obsceno que se había pagado por ella. Igual, y sólo igual, no hay que traer promesas brillantes de mercados emergentes, que después ni juegan ni aportan, porque los buenos, como antes, están en casa.

Los símbolos, señores del Consejo, no tienen precio, tienen valor. Ustedes acaban de malvender a una referencia, algo que es mucho más grande que su pueril interés por mantenerse en la poltrona de mandamases sevillistas. Los símbolos están para ser respetados. Ni respeto, ni valores, ni símbolos. Eso es lo que queda.

Twitter: @ferminhevia