El color del dinero del fútbol

Escrito por José Miguel Muñoz. Creado en Más Fútbol

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El color del dinero del fútbol. ¿Quiénes son los ricos de este fútbol en tiempos de crisis? Los magnates rusos ganan cada vez más protagonismo. Abramovich ya tiene sucesores.


Abramovich, Chagaev, Kerimov, Kadirov, Usmanov… son los nuevos ricos de este fútbol herido por la crisis. Pero ¿conocen estos poderosos magnates el significado de la palabra ‘crisis’ ausente en el diccionario de cada uno de ellos? Los últimos fichajes multimillonarios y alguna que otra operación rocambolesca han cambiado la historia de estos personajes, ayer unos auténticos desconocidos en el mundo del fútbol y hoy unos personajes a tener muy en cuenta por muchos futbolistas en busca de un retiro sagrado. ¿Alguien ha permanecido ajeno al fichaje del verano? Sí, el traspaso sorpresa de Samuel Etoo por un equipo ruso de medio pelo.

La llegada del internacional camerunés, ex jugador de FC Barcelona, Inter de Milan, Mallorca… campeón de tres Ligas de Campeones, además de ser uno de los mejores delanteros del mundo, a un equipo mediocre de una Liga de la que seguramente no había oído hablar antes tiene un gran culpable: poderosos don dinero. La sonrisa de Etoo a su llegada  a tierras rusas tiene un motivo más que justifcado; cobrará en su nuevo equipo unos 20 millones de euros al año, es decir, más de 54.000 euros diarios, prácticamente el doble de lo que cobran Leo Messi (11 millones de euros) y Crsitiano Ronaldo (13 millones). ¿Argumento suficiente para fichar por el Anzhi Majachkalá?

El ‘culpable’ de tan rocambolesca historia no es otro que Suleimán Abusaidovich Kerimov, un empresario de apenas 45 años, con pintas de haber sido el empollón de clase y dueño de empresas petrolíferas, financieras y químicas que mueven la nada despreciable cifra de 5.400 millones de euros. Este ‘desconocido’ para la gran mayoría no lo es tanto, ya que de hecho ocupa el puesto 118 en la lista de la prestigiosa Forbes. que engloba a los hombres y mujeres más ricos del mundo. Hace nueve meses compró el Anzhi con la idea de hacer un equipo grande y a golpe de talonario va camino de conseguirlo. Tras los fichajes del ex madridista Roberto Carlos, fichó al internacional brasileño Julicei, el ruso del Chelsea Zhirkov (30 millones de euros), el búlgaro Dzsudzsak que jugaba en el PSV y por último la guinda, Samuel Etoo del Inter de Milan.

Las preguntas que surgieron ante tan disparatadas acciones futbolísticas iban en el mismo sentido: ¿Poruqé lo hace? ¿Está loco? ¿Le puede su afición a este equipo? ¿Qué hay detrás de tanto movimiento de dinero? Hay muchas versiones al respecto. Una de ellas, la que circula con más fuerza respecto a la figura de este magnate es que tras sufrir un gravísimo accidente de tráfico con su flamante Ferrari en el año 2006 que a punto estuvo de costarle la vida y que le dejó como secuelas unas quemaduras que le supuso una dura y larga recuperación, que este accidente le cambió la vida. Aquel hombre serio y hermético denominado ‘El Tiburón’ por su voraz vista para los negocios, se convirtió en una persona mucho más afable y cercana. Suleiman Abusaidovich Kerimov había cambiado tras salvar milagrosamente su vida en aquel accidente sufrido en Niza.

Algo de cierto debe haber en tan interesante historia ya que desde aquel instante, el poderoso Kerimov se gasta millones de dólares en su pasión, su equipo de fútbol y en algo más importante: causas benéficas, obras sociales, de caridad… El conjunto del Amzhi no es más que una forma de trasladar al público el nacimiento de este hombre nuevo y muy diferente al que anteriormente habitaba en su cuerpo. Mismo físico, distinto alma y corazón. Hay quien piensa que detrás de todo esto, la aparición de estos magnates rusos en el mundo del fútbol tienen mucho que ver con Vladimir Putin, ex presidente y actualmente primer ministro de Rusia que lanzó un órdago a todos estos ‘Súper hombres’ para que hicieran fuerte su país para así tener más cerca la organización del Mundial del año 2018.

Lo cierto es que si esto realmente fue así, todos o casi todos arrimaron el hombro. Los magnates moscovitas que no respondieron han acabado curiosamente en la cárcel, de ahí que los ya conocidos anteriormente Roman Abramovich, propietario del Chelsea, o Alisher Usmanov, propietario del Arsenal, o las nuevas caras del color del dinero del fútbol (Kadirov, Kerimov Chagaev, Usmanov…) Uno de los personajes más estrambóticos de estos nuevos personajes del mundo del fútbol es Ramzán Kadirov, que prácticamente merece un capítulo aparte ya que es uno de los más singulares y peculiares de estos nuevos nombres de este negocio llamado fútbol.

Hijo del antiguo presidente checheno, asesinado en 2004, y con cara de niño bueno, nadie conoce que esconde, si lo hace, detrás de su cabello rubio y ojos azul claro. Tras comandar un sanguinario ejército privado, y alcanzar la presidencia de la República Chechena, disfruta de su tiempo coleccionando coches deportivos y dagas artesanales. El Terek Grozni, conjunto de Primera división ruso es su ‘juguete’. Cargado de brasileños y africanos no duda en montar partidos amistosos entre una supuesta selección chechena, en la que no duda jugar él mismo, y míticos futbolistas internacionales a los que contrata para tan especial ocasión. El último, en marzo de este mismo año ante una selección brasileña formada por rostros conocidos como los de Bebeto, Romario, Raí o Cafú entre otros. Ramzán Kadirov metió dos goles, aunque su equipo cayó por seis goles a cuatro.

El penúltimo (porque siempre habrá otro) en aparecer en escena ha sido Chagaev al que le pueden preguntar perfectamente a Joaquín Caparrós. No dudó en aprovechar su escandalosa fortuna para comprar el Neuchatel suizo. Es tanto el dinero que posee que incluso el mismo reconoce a sus íntimos “es tanto el dinero que tengo que ni yo mismo se a cuanto asciende mi fortuna”. Pero su fortuna no va acompañada de paciencia y tras fichar al utrerano Caparrós y a varios futbolistas ha tirado por tierra su proyecto en apenas dos semanas, el tiempo que tardó en bajar al vestuario del Neuchatel, acompañado de sus guardaespaldas, para leer la cartilla a los suyos. Son ellos, los que ponen el color del dinero en el fútbol.