«Periodistas y Anónimos»: Bayer-Madrid, enemigos íntimos

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BAYER-MADRID: ENEMIGOS ÍNTIMOS. Por Rubén Uría.

El loco del Bernabéu, la mano de Mino, el pisotón de Juanito a Matthäus, los famosos cuernos de Augenthaler, el gol de Geremi, el doblete del Torpedo Müller ante Goyo Benito, el bravucón Oliver Kahn cara a cara con Raúl, el cabezazo imprevisto de Anelka…Los Bayern-Madrid están trufados de nostalgia y gloria de dos gigantes del Viejo Continente que, a través de sus duelos, han alcanzado la categoría de enemigos íntimos. Ambos escribirán su penúltimo episodio de desencuentros con la semifinal de la Copa de Europa como escenario. Esta vez el botín es más suculento que en anteriores ocasiones. El Madrid persigue, desde hace tiempo, su conquista más preciada: La Décima. Una búsqueda obligatoria del santo grial del madridismo, objetivo confeso de Florentino Pérez. La motivación de los germanos no anda a la zaga. Afrontan un cruce mortal ante un enemigo al que conocen como la palma de su mano, ante el que han probado el sabor de la victoria y también la escarcha de la derrota, pero ante el que siempre se han mostrado fieros, dueños de un gen competitivo capaz de encoger hasta el terremoto del miedo escénico del Bernabéu. A eso, los alemanes añaden otra aspiración que les tiene en ascuas, jugar la final de la Champions arropados por sus fieles, en el Allianz Arena, heredero moderno del gigantesco, helado y majestuoso Olímpico de Münich.

El Bayern, que forjó su leyenda en aquel maldito San Isidro que los atléticos jamás podrán olvidar, concatenando tres Copas de Europa, no ha perdido un ápice de su mística. Sigue siendo el ogro bávaro, el mastodonte sistemático que, en ráfagas de avalancha, sepulta a sus enemigos y les noquea por aplastamiento. Físicos, rocosos, ásperos, competitivos. Si se filmara un biopic del Bayern, su leyenda formaría parte de tres cuartas partes de esa película. Enfrente estará el Madrid, que forjó su leyenda en aquellas míticas Copas de Europa donde, como fundador primero y luego pionero, se convirtió en Atila vestido de blanco. Este Madrid, después de un periodo de rearme, moral y deportivo, acude a Alemania con unas credenciales capaces de sembrar el pánico. Su batería de fuego es su mejor virtud, su competitividad es extrema, su plantilla es una de las más completas y equilibradas de su historia y Cristiano Ronaldo es de los tipos que disfrutan con el olor a napalm por la mañana. Los blancos llegan a su gran cita, a las puertas del pasaporte para lograr La Décima, con sensaciones doradas y estadísticas de otro mundo. Desintegrado el récord goleador del Madrid de Toshack, este Madrid es el mejor de los últimos años y aspira, sin ambages, a disputarle la hegemonía europea al mejor Barça de todos los tiempos.

Bayern y Real medirán fuerzas en una eliminatoria que se prevé a cara de perro. El Madrid asoma como ligero favorito por el peso específico de sus figuras y por jugar la vuelta en casa, pero Mourinho sabe que se enfrenta a un equipo que comparte las mismas virtudes y los mismos defectos que el suyo. Los teutones, como los blancos, presentan como gran virtud un contragolpe eléctrico que, con espacios para poder desarrollarlo, resulta letal. Hay más. Los alemanes disponen, como el Madrid, de un póker de ensueño, integrado por Ribéry (objeto de deseo de Mijatovic y Zidane), Robben (aquel fichaje de Calderón que cierta prensa comparó con Messi), Müller (uno de los objetivos madridistas antes de la irrupción de Özil) y Mario Gómez (un tanque discutido al que defienden sus números). Un cuarteto un escalón por debajo del que conforman Özil, Cristiano, Di María o Benzema cuando se asocian en pleno vuelo, pero que tiene la suficiente dinamita como para hacer descarrilar a cualquiera. Los dos tienen pegada de mula y puntería de cazador.

Españoles y alemanes, almas gemelas, también comparten defectos. Si los dos abusan del contraataque, interpretado como un plan y no como un recurso, acaban partidos. De ahí que las figuras de Xabi Alonso y Schweini cobren máxima trascendencia en la eliminatoria. Si juegan arropados, sus equipos serán mejores. Si pasan largos ratos a la intemperie, se condenarán. Eso sí, si existe un talón de Aquiles en el Bayern, es su defensa. Tiene experiencia, colocación y potencial aéreo, pero tiene un déficit en la velocidad y tampoco es un dechado de virtudes a la hora de sacar jugada la pelota desde la cueva. Ahí, en ese punto, es donde el Real Madrid debe sacar ventaja. Juega en Münich, ante un gran equipo que tiene un contragolpe que es una maza, pero si consigue presionar arriba para robar cerca del área de Neuer, tendrá mucho terreno ganado para dañar a su viejo conocido. La clave de la eliminatoria estará en la actitud de los madridistas. Salir a contemporizar y esperar la oportunidad o, por el contrario, ser ambicioso y asfixiar la salida del balón de los bávaros. Los alemanes no entienden de enroques en su campo. Y al Madrid le sienta mal no intentar jugar bien.