Palop: «Algo se muere en el alma, cuando un amigo se va»…

Escrito por José Miguel Muñoz. Creado en Number1 opina, Sevilla FC

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Palop y José Miguel Muñoz

La historia nos ha regalado grandes profesionales, futbolistas que nos ganaron por sus hazañas en el terreno de juego, otros que lo hicieron por aquellos gestos que nos llegaron al corazón y empañaron nuestras retinas de lágrimas de emoción. Ahí entre él, Don Andrés Palop Cervera.

La infancia nos marca a cada uno de nosotros de una u otra forma. Son esas cosas que te hacen ser especial o quedarte en el camino de serlo. Lo que te lleva a marcar diferencias o a ver como son otros los que las marcan por ti. Aquel niño que soñaba ser portero y emular como tantos otros, a aquel Superman de vuelos imposibles llamado Luis Arconada.

Aquel niño, como quien escribe estas líneas y como tantos y tantos otros que ahoran leen estas líneas, crecieron enfundados en una camiseta negra y celeste adidas que tan de moda puso Arconada. Todos queríamos ser como ese ejemplar profesional, cargado de carácter, que expulsaba por esa mirada ganadora y ese rostro serio que tanto respeto causaba entre sus rivales.

Ese niño se llamaba Andrés, un crío que tenía en el duro trabajo del campo, junto a su padre, ese día a día, que en nada tenía que ver como el de otras familias adineradas que podían sacarle a sus hijos el abono para acudir cada jornada al Luis Casanovas, ahora Mestalla. El abono de Andrés era esos escasos partidos que por aquel entonces daban por televisión y que eran lo más cerca que le permitían de estar de su ídolo Arconada.

Pero Andrés Palop Cervera, que así se llamaba aquel niño era feliz. Estaba siendo educado bajo una palabra que siempre le ha acompañado a lo largo de los años: humildad. La misma que él y sus hermanos heredaron de sus padres y que con el paso de los años ha sabido transmitir junto a su esposa, a sus hijos, que curiosamente también hacen sus pinitos como porteros, soñando emular a su padre.

Los años pasaron, el camino no fue fácil, todo lo contrario, estuvo lleno de trabas, de problemas, de obstáculos insalvables a los que siempre Andrés supo darle la vuelta porque su carácter ganador, ese que siempre observó en Arconada le hacía ser diferente. Ni ese dorsal número 13, que siempre se ha calificado de mala suerte, le hacían fracasar en su intento de ser cada día mejor.

Y lo consiguió. Primero en el Villarreal, a donde tuvo que ‘emigrar’ en busca de esos minutos para sentirse portero, para hacer esas paradas imposibles que luego le valdrían regresar a casa e incluso ser titular pese a aquellas cláusulas que decían que otro tenía que jugar por contrato… pero a Palop no le importaba, porque creía en él mismo, en su trabajo, en su lucha diaria. Sabía que eso tendría más fuerza que cualquier tinte de pelo o cualquier esmalte de uñas de su rival.

Y fue entonces cuando llegó a Sevilla. Esa ciudad con un color tan especial como el recuerdo que Andrés Palop deja en los corazones de los sevillistas y no tan sevillistas, porque con su generosidad ha sabido estar en las buenas y en las malas, con sencillez cuando era idolatrado por propios y extraños, y en las malas, cuando unos envidiosos quisieron practicar el deporte de moda en este país: derribar al que ha logrado el éxito ante la imposibilidad de conseguirlo uno mismo.

Hoy, curiosamente ante su Valencia, el equipo de su tierra, dirá adiós, o mejor dicho: hasta luego. Hoy los ojos de Palop se empañarán de lágrimas, las mismas que en su día nos transmitió a todos con aquel gol imposible, con aquel penalti detenido que le daba al Sevilla la Copa de la UEFA, como cuando se enfundó la camiseta de Antonio Puerta para alzar la Copa del Rey al Cielo y brindársela junto a todo el sevillismo a su amigo Antonio.

O como cuando prefirió homenajear a Arconada, el héroe injustamente herido, en lugar de disfrutar de la celebración de la Eurocopa del 2008, casualidades de la vida, el año que mi hijo Iker Muñoz vino al mundo. Platini pensaba que la máquina del tiempo le arrebataba aquella Eurocopa de Naciones que injustamente nos quitó, para entregársela a Palop ‘disfrazado’ de Arconada, en aquel día en el que todos los que soñamos ser como Arconada recogimos junto a Palop aquella medalla de campeón, aquella Copa…

Hoy se cierra el telón, se marcha el maestro, el mejor portero de la historia del Sevilla Fútbol Club, de su época moderna y de la no tan moderna. Hoy Andrés Palop nos hará su penúltimo regalo con su presencia, con esa última parada que grabar en nuestras retinas para decirle a nuestros hijos, y quien sabe algún día a nuestros nietos que nosotros vimos jugar a Palop, aquel portero que nos demostró que «Nothing is impossible», o lo que es lo mismo: Nada es Imposible.

Y todo ello, con una música de fondo que nos tocará el alma como esa última parada de Andrés, como ese momento en el que por última vez como jugador del equipo nervionense, coja el camino a vestuarios, hacia ese túnel, que ya siempre tendrá el aura de ese portero. Será entonces cuando suene esa canción, esa melodía, la de esa sevillana para la que como Palop no pasa el tiempo, «El adiós», y ese requiebro del alma al escuchar ese… «Algo se muere en el alma cuando un amigo se va…»

PD: Para terminar les regalo esta foto de dos Arconadistas, Andrés Palop, y un servidor, José Miguel Muñoz el día que se enfundó por primera vez la mítica camiseta y cuando decidimos llevar a cabo lo que entonces fue un sueño, y luego gracias a la selección, y por supuesto a Palop, una realidad.

Twitter: @tara11ara